What would happen if Alohas and La Marzocco collaborated?

What if... el sneaker más mediterráneamente artesanal de España se aliara con la máquina espresso más toscanamente sagrada de Italia? What if... el café no fuera un líquido sino una postura, y el zapato no fuera un objeto sino una manera de pisar el día? What if... el lujo del siglo XXI, una vez agotada la obsesión con el logo, se mudara definitivamente al oficio, a la línea de producción corta, al objeto hecho por manos que también firman? Este ejercicio de dirección creativa provoca el encuentro más mediterráneamente afín de toda la serie: Alohas, casa española fundada en 2015 en Alicante que reinventó el sneaker artesanal con suede, encaje y producción on demand, y La Marzocco, manufactura florentina fundada en 1927 que sigue ensamblando cada máquina espresso a mano en Scarperia, una por una, firmada por el técnico que la armó. La colaboración no fuerza un cruce, revela una hermandad. Ambas casas creen lo mismo: que el objeto cotidiano merece ser instrumento, que la lentitud productiva es una forma superior de eficiencia, y que el oficio es la única narrativa de lujo que envejece bien. Italian Craft, Spanish Soul. From Florence to Alicante. La colaboración produce tres ediciones limitadas de 500 pares cada una, sneakers retro en suede verde oliva con encaje crema, suede burgundy con encaje rosa pálido, y suede lavanda con encaje marfil, cada par firmado y numerado, empacado en caja con plano técnico de la máquina La Marzocco GB5 grabado a mano. Tres máquinas espresso La Marzocco en los mismos tres colores firma, instaladas en pop ups híbridos en Madrid, Barcelona y Florencia, donde el cliente compra su sneaker, recibe un espresso preparado en la máquina del mismo color, y se lleva una bolsa de tela con el monograma combinado. La provocación es geográfica y temporal: el lujo ya no se importa de París ni se exporta de Nueva York, se construye en talleres del sur de Europa que llevan haciendo lo mismo durante un siglo. Good coffee, great shoes, better day. El barista y el zapatero, finalmente, descubren que llevan toda la vida haciendo el mismo oficio: poner las manos sobre un objeto pequeño hasta que se vuelve memorable.

Annika Moratinos

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